No es siempre No

Más de 1.000 mujeres son violadas cada año en España desde al menos 2009, cuando el Ministerio del Interior comenzó a desglosar la estadística de agresiones sexuales para acomodarse al criterio de la Unión Europea, una fecha desde la que se han registrado más de 11.000 agresiones sexuales con penetración, tres al día, una cada ocho horas.

Las agresiones sexuales son invisibles. Voluntariamente invisibles.

La forma más habitual de acoso sexual se presenta en forma de miradas que incomodan (30%), seguida de los tocamientos, abrazos o besos que no son bienvenidos (29%). 

Las noticias sobre este tipo de agresiones se suceden y no es que se produzcan más ataques, es que ahora los medios han puesto el foco sobre ellos. Y se nota.

Casos como la violación en grupo perpetrada en los pasados “Sanfermines” contra una joven han alertado sobre una realidad que es bien conocida por las organizaciones y los expertos que luchan para combatir este problema. Todos coinciden en que las fiestas populares y multitudinarias han sido durante años la excusa perfecta para que grupos de jóvenes y no tan jóvenes se sobrepasen con las chicas.

 

Existe cierta tendencia a creer que si una chica se embriaga en estas fiestas, quiere que los chicos se aprovechen de ella. Es algo que hemos visto a lo largo de muchísimos años y que hasta ahora estaba silenciado.

 

Por eso es tan importante que las instituciones, las autoridades y los medios de comunicación se centren ahora en reprobar las agresiones, grupales o individuales.

 

La prevención de las agresiones sexistas durante las fiestas es una preocupación de la ciudadanía en general y de las instituciones, especialmente en el ámbito local, por su cercanía a los espacios festivos.

 

Las fiestas están relacionadas con el mundo de los valores, las fiestas reproducen el orden social, las relaciones de poder, y, por tanto, las discriminaciones que se dan en la vida también se dan en fiestas, en ocasiones, de una manera más visible. La lucha por una sociedad igualitaria, en el que se respeten los derechos de todas las personas, tiene que tener su reflejo también en las fiestas. Ni el alcohol, ni la fiesta en sí misma, son excusa para que las relaciones entre mujeres y hombres no sean igualitarias y respetuosas, para que las mujeres sean tratadas como meros objetos sexuales, o se sientan inseguras o intimidadas en ciertos lugares y a partir de ciertas horas.

Queremos unas fiestas basadas en el respeto y libres de agresiones, pero también de actitudes que las inciten.

Reclamamos, por tanto, una actitud activa contra cualquier expresión física o verbal que no respete a las mujeres. Queremos unas fiestas en las que las relaciones sean igualitarias y consentidas por ambas partes, en las que las mujeres tengan el mismo derecho que los hombres a divertirse en libertad y a compartir la fiesta y sus espacios sin que su seguridad ni sus derechos sean violados. 

 

ES EL MOMENTO DE TOMAR PARTE ACTIVA.